Una de mis grandes quejas, y decepciones, con este libro es que no es un thiller, sino más bien un drama juvenil. Sí, juvenil, porque, aunque los personajes tengan entre 20 y 22 años, se comportan como si tuvieran 15. Un tanto decepcionante, pero al menos es entretenido. También tengo la sensación de que la autora ha querido añadir de manera forzada una subtrama gay entre Oliver y James para apelar a este público tan obsesivo, cuando es obvio que a Oliver le atrae Meredith y a James, Wren. Y que la crítica de muchos se reduzca a “no es lo suficientemente gay” y a las quejas de que haya parejas heterosexuales me parece patético por parte de esa gente. Dicho esto, paso a mis opiniones sobre el libro en sí.
La historia no empieza mal y la premisa pintaba interesante. Te hace pensar que algo grave ha ocurrido entre estos amigos: una verdadera tragedia como las que interpretan, en parte por cómo fue vendido (literalmente, en la portada pone “cuando los amigos se convierten en enemigos” y “no hay límites para el daño que pueden hacer”, pero adivina qué, ni los amigos se convierten en enemigos ni hay límites que traspasan para hacer ese daño que sugiere la frase). Pero la trama del libro no se centra en el asesinato, sino en el drama de los personajes. Un thriller se ha de centrar en el crimen y el misterio, pero este no lo hace. De ahí que no sea un thriller. El crimen pasa a un tercer plano y no se onda en ello. Además, para el final de la segunda parte (llamado acto en esta novela), el lector ya sabe quién es el asesino, por qué Oliver está en la cárcel pese a no ser el culpable, quién es la víctima y dónde ha ocurrido el crimen. Queda el por qué, pero es irrelevante cuando se sabe quién es el asesino en la segunda parte, dejando las otras tres aburridas que, realmente, no aportan nada salvo tratar el drama de los personajes.
Hay ciertas cosas ya desde el inicio que te hace pensar que el libro fue escrito por una adolescente más que por una adulta: las descripciones tan cómicas rollo anime de los personajes (y ciertos actos que hacen), el uso de paréntesis cuando no son necesarios (literalmente pone una frase entera entre paréntesis cuando podría ser una frase normal dentro del propio párrafo), el uso de frases enteras en mayúsculas para enfatizar que están gritando, cosa que no es necesario porque para eso existen los símbolos de exclamación, y el uso constante de palabras en cursiva. Son cosas sin sentido que podría haber solucionado de manera muy fácil. Ahora, ir intercalando entre diálogo “normal” y uno de teatro resulta interesante. ¿Innecesario? Sí. ¿Interesante? También. También puedo entender que a la gente le moleste que estén citando a Shakespeare todo el rato, pero lo veo normal. Como Oliver dice, ese colegio es como una secta. Cada grupo de alumno vive en una burbuja de su materia a la que se abandonan y se dedican al 100%. La de ellos es Shakespeare. Que lo citen todo el rato refuerza ese sentimiento que expresa Oliver de que vivían en una burbuja, esa “pérdida de la realidad” de la que habla al interpretar constantemente personajes de Shakespeare, pues como dice Meredith, ahí todos fingen ser personajes de ficción. No son ellos mismos. Esas citaciones refuerzan eso. Lo veo bien. La manera de escribir de la autora no es la mejor pero tampoco la peor. La autora escribe bien, pero le falta práctica. Eso se puede pulir.
Una queja que tengo es que, como autora de “thriller”, no puedes hacer que el lector adivine todo (las Cinco W -Qué, Quién, Cuándo, Dónde, Por qué y Cómo) al final de la segunda parte cuando aún quedan tres partes más. Un gran bajón. Sin mencionar que la parte en donde Oliver vuelve a casa es totalmente innecesaria y aburre, pues no aporta nada a la trama.
Los personajes… ni fu ni fa. Son muy estereotipados, aunque eso no es necesariamente malo, pero en este casi sí lo es, pues se comportan de una manera errática y para nada agradable. No se puede empatizar con ninguno de ellos, ni con el protagonista, Oliver. Son personajes vacíos, sin mucha complejidad (aunque tenían el potencial para ser grandes personajes), sosos e insípidos. En general, son muy aburridos. Todos. Y un gran error de la autora para justificar el asesinato es hacer al villano, Richard, como el ser más malvado del mundo de la nada, sin ningún propósito, para que su asesino no quede como el malo, pues “mira qué bueno es que ha matado a una horrible persona”. Esa parte es horrible, pues había el potencial para hacer de ello un plot twist muy bueno: “ni el malo es tan malo ni el bueno es tan bueno”, pero no. De nuevo, personajes sosos.
En general, no es un libro que recomendaría ni que volvería a leer y, honestamente, creo que ni merezca la pena leer, pues realmente no te aporta nada, pero habiéndolo leído al haber sido engañada de que era un thriller (que no lo es), puedo decir que, al menos, me ha entretenido. Un libro muy meh.