2.5/5 (4,71/10)
Realmente, me ha decepcionado. Tenía altas expectativas, pero no las ha cumplido. La idea está bien, pero está mal enfocada y ejecutada.
Empecemos por los puntos positivos: es fácil de leer. La prosa es simple y fácil, sin complejidad, cosa que ayuda a una lectura rápida. La ambientación es también buena. Las descripciones del entorno son precisas, cosa que ayuda a hacerse una imagen mental de la escenografía. La prosa de la autora es buena (me he encontrado algunos errores de traducción, pero eso no es culpa de la autora), y hay momentos que las partes donde habla del lenguaje son interesantes. Las interacciones entre Robin y Lovell son también interesantes, diría que lo que más, honestamente, pero no se llega a desarrollar del todo.
Ahora… Lo malo… Como novela de ficción histórica, sin necesidad de magia, habría sido mucho mejor. El problema es que no es una ficción histórica, sino una fantasía, y ahí está el problema. La historia en sí carece de una trama interesante. Empieza lento, aunque bien, pero después se vuelve aburrido e igual de lento. La acción en sí empieza realmente al 60% de un libro de casi 700 páginas y la historia empieza a ponerse interesante a partir del capítulo 23. El problema es que es en el 73% de la historia, y ahí es cuando el libro mejora. Aunque eso no es bueno, pues significa que tiene mucho relleno innecesario y que, por lo tanto, fue hecho para engrosar una historia que podría haber sido contada entre 300 y 450 páginas y habría sido mucho mejor. El problema es que la parte final es bastante irrealista.
La magia. El sistema de magia es innecesario y realmente no aporta nada. Hubiera sido mejor que la autora se enfocase en la propia Revolución Industrial histórica en vez de añadir un sistema de magia basado en la traducción como reemplazo, ya que no aporta un gran cambio a cómo es la sociedad en sí. Además, la magia quita el mensaje que la autora ha intentado decir (hablo de esto más adelante, donde hay spoilers).
Los personajes. Son unidimensionales, sin mucho desarrollo, sosos, sin sentimientos y pesados. Se sienten como una copia del grupo de amigos que podemos ver en “If we were villains”. Robin es Oliver, Letty es Meredith, Remy es Alexander y Victoire es Filippa. Y, como en “If we were villains”, la promoción de ese año se reduce a un número bastante pequeño de estudiantes: en Babel son 4 y en “If we were villains” son 6. Todos los personajes de ambos libros actúan de una manera bastante similar. La diferencia es que, en “If we were villains”, había un crimen que te llama la atención desde el principio, mientras que Babel carece de un gancho que haga al lector tener ganas de continuar leyendo sin parar, porque sí, la historia carece de un trasfondo interesante. Van pasando los días sin realmente ocurrir nada que haga avanzar la trama principal. Los personajes no muestran sentimientos ni emociones, se saben cómo están porque el narrador te lo dice, no porque se muestre sus estados de ánimo.
El “familia encontrada” trope no está bien enfocado. No son una “familia encontrada”: no se soportan, solo están juntos porque no tienen otra alternativa. No se quieren, se toleran, que es muy diferente. Los “conflictos” de los personajes están por estar, no aportan nada y no tienen consecuencias; ocurren, no pasa nada y se olvida sin más. Y vuelven a ser amigos porque sí. Los personajes no reaccionan de manera creíble a los conflictos. No se sienten como personas reales, ya que la autora fuerza ese trope y quiere vender que son “una familia encontrada” cuando, en la práctica, no se ve ni se siente así.
Puedo entender la idealización de la traducción que existe en el libro, ya que, al parecer, la autora estudió traducción, pero no creo que fuera necesario dedicarle tantas páginas como tal (en este caso, peca de lo mismo que M. L. Rio con la actuación; una demostración de su superioridad intelectual sobre un tema en concreto). De nuevo el relleno innecesario.
Y hablando de la autora... Tampoco me ha gustado que ella misma se meta en la historia. Hay muchas veces que se siente que es la propia autora quien habla y no los personajes ni el narrador. Además, no deja sitio a la interpretación. Y esto es algo constante tanto en el narrador como en las anotaciones a pie de página; no es necesario. No es un ensayo, es un libro de ficción. Desafortunadamente, Kuang usa mucho el “tell don’t show” (repito: los personajes no muestran sentimientos), pues explica exactamente todo como ha de ser, sin sutileza, sin emoción, sin sentimientos, y no permite que el lector se vaya por otro camino.
Spoilers, leer a precaución: El libro tiene inconsistencias en algunas partes; Robin tiene los ojos como un británico, pero después le hacen bullying por sus ojos asiáticos. ¿Qué? O uno u otro. Ambos no pueden ser. Griffin es su doble, pero si lo miras bien no se parecen tanto. ¿Entonces? ¿Es su doble o no? El tema del ataque de la cólera y el opio son llevados muy mal; ocurren muy rápido y ya, sin consecuencias, y encima a nadie parece importarle, de hecho, se olvida enseguida.
Ahora, la idea principal de la historia… La idea está bien, pero está mal enfocada. Cualquier otro país haría lo mismo que Gran Bretaña si tuviera ese poder de la plata, y eso se observa en las palabras de Griffin; qué mala es Gran Bretaña, pero qué buena es China a pesar de que han puesto una ley que mata a cualquiera que enseñe chino a un extranjero y se está quedando con la plata que cambia con Gran Bretaña. El problema no es Gran Bretaña, sino el poder que la plata puede otorgarle a una nación, independientemente de cuál sea ésta. La corrupción que ejerce el poder de la plata en las personas y, por ende, en las naciones, se puede observar también en Griffin, a pesar de ser el supuesto “héroe” que va en contra de la malvada nación. El mensaje está mal enfocado, pero, al parecer, la autora está tan nublada por su propia ideología de la vida real basada en un odio hipócrita que no ha sido capaz de ver que el enfoque de su historia ha sido mal direccionado.
Lo dicho, mi segunda gran decepción de este año. Dudo que vuelva a leer un libro de esta autora; no me gusta cuando los autores se meten en las historias, y viendo críticas de sus otras obras, al parecer es algo recurrente que ella hace, y eso a mí no me va.